Vosotras dos.
Entró sudado, pidió un smoothie y se quedó sin palabras.
Feliz viernes de piel y deseo, Indómits!!
Esta semana el buzón trajo algo distinto.
No llegó por correo. Llegó por mensaje privado. Y venía así:
“Bueno bueno, este es un deseo inocente que hay que retorcer, si que tiene una carga sexual importante aunque no de entrada, pero ahí estás tú para retorcerlo. He salido con la bici de carretera, hace mucho calor y acabo de llegar a mi destino para parar a beber algo fresco y volver a casa. De repente me encuentro con un puesto de smoothies que está abierto. Tú estás trabajando con tu compañera en el nuevo puesto de trabajo de preparación de smoothies, entonces llega un ciclista, el sudor le corre por la frente, los brazos le brillan por el sudor… No hay nadie más en el local, entonces dice el ciclista: ‘¿Me preparáis tú y tu compañera un smoothie de piña con leche?’ Tú te quedas mirando al ciclista de los pies a la cabeza, a continuación te viene un pensamiento…”
Ahí lo dejó. El pensamiento sin terminar, la frase abierta, la puerta entornada.
Yo la abrí del todo.
El buzón también sigue abierto. Si tienes algo que confesar o un deseo que quieras ver pervertido, escríbeme a sexualidadesabiertas@gmail.com o por mensaje privado. Da igual cómo llegue. Lo que importa es lo que yo hago con ello.
Y aquí empieza lo mío.
Hacía un calor denso, el tipo que aplasta el aire y ralentiza el mundo. Las dos estábamos solas en el puesto cuando apareció.
No hizo ruido.. El maillot pegado al torso, los brazos brillantes, una gota de sudor deslizándose por su sien antes de hablar. Lo miré el tiempo exacto para que él supiera, y para que yo supiera que él sabía.
Se acercó al mostrador.
—¿Me preparáis vosotras dos un smoothie de piña con leche?
Vosotras dos. No miró la pizarra. Nos miró a nosotras, una a una, con una pausa calculada. Lo que pedía no era un batido, y los tres lo entendimos.
Mi compañera y yo cruzamos una mirada. Asentí despacio. Ella sonrió.
Tomé la piña. La corté con mi cuchillo, con la presión justa, disfrutando el momento en que la hoja se hunde limpia y el jugo brota antes de terminar el corte.
Él observaba. Sin disimular.
—Ven aquí —dije.
No era una invitación. Él rodeó el mostrador sin dudar, entró en nuestro espacio y se detuvo entre las dos.
De cerca olía a calor y esfuerzo reciente. No era desagradable. Era lo contrario.
Mi compañera tomó un paño húmedo y frío del frigorífico. Se lo pasó por el cuello, por la nuca, bajando hacia los hombros. Él cerró los ojos un instante. Solo un instante. Suficiente.
Yo seguí con la piña.
—¿Dulce o con punto ácido? —pregunté sin mirarle.
—Con punto ácido.
—Bien.
Añadí lima sin preguntar cuánta. Batí. El sonido llenó el local y, al cesar, el silencio que volvió era otro.
Puse el vaso delante de él.
—Bebe.
Bebió. Un trago largo, la cabeza hacia atrás, la garganta en movimiento. Al terminar, su labio inferior quedó húmedo y sus ojos clavados en mí.
Mi compañera estaba detrás. Le había quitado el casco sin que yo lo viera. Ahora tenía las manos en sus hombros, bajando por la espalda, deshaciendo el velcro del maillot con una calma que no admitía réplica.
—No os he dicho que— comenzó él.
—No —lo interrumpí—. Pero tampoco te has ido.
Se quedó quieto. Tenía razón y lo sabía. Había rodeado el mostrador, había bebido cuando se lo ordené, había permitido que le quitaran el casco. Había elegido quedarse justo ahí, entre nosotras, sudado e inmóvil, completamente a nuestra disposición.
Mi compañera terminó de quitarle el maillot. Yo rodeé el mostrador, me planté frente a él y lo estudié de arriba abajo, con la misma mirada con que lo recibí, solo que ahora no había barreras.
Apliqué una mano en el centro de su pecho. No para tocarlo, sino para recordarle que no se movería si yo no lo decidía.
—¿Qué querías exactamente cuando pediste que te lo preparáramos nosotras dos?
Calló.
—Dilo.
—Quería… —empezó, y su voz salió más baja de lo previsto.
—Más alto.
Lo dijo. Con todas las letras. Y al terminar, tenía las orejas encendidas y la vista clavada en el suelo.
—Bien —dije—. Eso es lo que vas a tener.
Mi compañera se colocó a su lado. Cambiamos una mirada por encima de su hombro. Ella alzó una ceja. Yo asentí.
Lo que siguió no lo relataré entero. Algunas cosas permanecen en el local, entre los tres, con el ventilador girando inútilmente en el techo y la piña a medio cortar sobre el mostrador.
Pero diré esto: cuando se marchó, veinte minutos después, el smoothie seguía ahí. No lo había terminado. Y no nos dejó dinero.
Nos dejó algo más.
¿Qué os ha parecido? ¿Demasiado suave, demasiado lento, justo lo que necesitabais?
Decidme en los comentarios. Me interesa saber qué produce en vosotros lo que escribo — no solo si os ha gustado.
El buzón sigue abierto. Si tienes algo que confesar o un deseo que quieras ver pervertido, escríbeme a sexualidadesabiertas@gmail.com Envíame un privado o deja un comentario.
OPCIÓN 1: EL CONFESIONARIO DE LA MAZMORRA (Para los que lleváis un pequeño monstruo en el sótano mental)
Cuéntame eso que nunca le has dicho a nadie. Una fantasía recurrente. Un “pecado mental” BDSM que te sonroja cuando te quedas mirando al techo a las 3 de la mañana. Puede ser una frase corta, un deseo concreto, o algo que simplemente te ronda y no te atreves a ponerle nombre.
El trato: será anónimo. Yo seré la Suma Sacerdotisa que lee tus oscuros pecadillos en el próximo envío. Dependiendo de lo que hayas escrito, puede que te absuelva con un látigo figurado... o puede que te condene a una penitencia imaginaria que solo tú y yo sabremos.
OPCIÓN 2: PIDE UN DESEO (QUE YO VOY A PERVERTIR) (Para los que creéis que sois “inocentes”)
Dime un deseo aparentemente inofensivo. Algo dulce, blandito, casi virginal. Ejemplos: “Que me rasquen la espalda.” “Un masaje en los pies.” “Que me lean un cuento.” “Un abrazo largo.”
Tu trabajo es enviar la frase inocente. Mi trabajo, como buena Dómina, será retorcerla en el post hasta convertirla en una escena de poder, juego psicológico y morbo. Voy a coger tu algodón de azúcar mental y te lo voy a devolver empapado en cuero y sudor frío.
Así que dime, criatura... ¿Te confiesas o pides un deseo? 😈




Un buen comienzo para un relato, deja con ganas de saber más
Me ha gustado mucho !!! A mi encanta la piña 🍍 😉😉